Curiosidades...

 

Medellín antiguo.

Cultura y Ocio en Medellín:

 

Medellín y Hernán Cortés.

Curiosidades:

 

Curiosidades históricas:

 

Dos autores diferentes, uno español y otro mejicano, están realizando actualmente dos exigentes biografías sobre la vida de Hernán Cortés. Se trata de los doctores: D. Esteban Mira Caballos y Don Xavier López Medellín.

                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Himno de Medellín

Suite Hispánica.

        El compositor alicantino José Albero Francés (Campo de Mira, 1933), residente hoy en Sevilla, desempeñó parte de su carrera profesional en Badajoz. En su estancia en nuestra tierra dirigió la Orquesta de Viento de Badajoz y compuso la "Suite Hispánica", primero para Orquesta de Viento y después para Orquesta Sinfónica.  

        El segundo movimiento ("Juego de Niños en Medellín") tiene una parte coral, de la que transcribimos su letra. Desde aquí nuestro agradecimiento al profesor Albero por habernos facilitado esta partitura, que se puede escuchar en ésta y otras páginas de la web.

 

Juego de niños en Medellín.  

(II Movimiento De la Suite Hispánica)

A la rueda rueda cantan las niñas,

a la rueda rueda  de San Martín.

¡chin! ¡chin!

y los niños en las eras

hacen velas marineras

a barquitos de madera

que navegan a sus pies.

 

A la rueda rueda juegan las niñas

en la plaza nueva de Medellín

¡chin! ¡chin!

 

Y en el centro de aquel marco

siempre metido en los charcos

hay un capitán de un barco

que se llama Hernán Cortés.

Cortés. bis.

 

A la rueda rueda cantan las niñas

a la rueda rueda de San Martín.-

chin! ¡chin!

 

A la rueda rueda juegan los niños

en la plaza nueva de Medellín.

chin! ¡chin!

 

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Medellín en la literatura.

            Algunas referencias de autores clásicos a la villa de Medellín:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JUAN RUIZ (Arcipreste de Hita) .

"Libro de Buen Amor".

 

DE LO QUE SE FAZE MIÉRCOLES DE CORVILLO E EN LA CUARESMA. :

  

 

      "En la almagama de elementos y asuntos que acopia el autor para su libro del Buen Amor, al dar cuenta "De lo que se fase miércoles de corvillo en la Quaresma", dentro de su habitual tono humorístico, hay un significativo apunte revelador de la rancia y sumisa tradición ganadera de estos pagos extremeños, que ya en el siglo XIV, estaba considerado como 'la gan dehesa de Castilla':" 

Pérez Marqués, F. (1991):  Pág. 55

 

 

 

 

 

 

 

VIAJE DEL NOBLE LEÓN DE ROSMITHAL.

     «León de Rosmithal y de Blatna, cuñado del rey Jorge de Bohemia, viaja a España de 1465 a 1467, para satisfacer su deseo de conocer diversas cortes extranjeras; en su nutrido séquito vienen de relatores Skaschek y Gabriel Tetzel, quienes bien por mandato o a instigación del noble itinerante acopian y redactan curiosidades.

    Viene de Portugal, de Elvas:» 

    "Saliendo de Mérida se camina durante cinco leguas por yermos en que sólo hay anís y poleo" Perfumado espacio, ¿no? El anís -sería hinojo- y el poleo, sahuman todo el ámbito en que se crían.

    Pasa luego a Medellín , población "señoreada por un castillo no muy grande">>

Pérez Marqués, F. (1991):  Pág. 339-340

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MEDELLÍN EN LA OBRA DE TIRSO DE MOLINA.

 

 

 

 

 

 

 

 

"La Vida es Sueño" de D. Pedro Calderón de la Barca.

       Don Pedro Calderón de la Barca escribió una obra teatral ambientada en una leyenda situada en Zalamea de la Serena (Badajoz). "El Alcalde de Zalamea."

 

    Para muchos autores Calderón se inspiró en la historia del 2º Conde de Medellín para escribir "La Vida es Sueño". Segismundo -protagonista cautivo- sería la transposición literaria de Don Juan de Portocarrero. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MEDELLÍN EN GÓNGORA.

Décimas dedicadas a Don Diego de Córdoba, primer marqués de Guadalcázar:

 

 

 

 

 

 

 

MANUAL PARA VIAJEROS DE A. JOUVÍN.

   " A. Jouvin publica en 1672, en París, una especie de guía turística de ocho volúmenes; el segundo tomo, titulado El viajero de Europa, está dedicado a España, y como Jouvin, francés, es hombre de fina sensibilidad, escribe una obra amplia, matizada, con muy curiosas noticias del país, a veces contradictorias, a veces peregrinas, ilustrativas del viajero que en sus páginas busque información...

    Recorre detenidamente, Extremadura: Plasencia, Guadalupe, Medellín, Mérida, Badajoz." 

(P 

Pérez Marqués, F. (1991):  Pág. 353-360

 

     "No quedamos muy contentos con la respuesta de ese cura, y nos fuimos a Medellín, a ver el lugar en donde algunos geógrafos señalan que ese río se esconde bajo tierra" (...)

    "Medellín ha sido causa de que hayamos tardado tanto en entrar en Portugal, para saber si era cierto que allí, como siempre nos habían hecho creer, el río Guadiana se perdía bajo tierra. Es cierto que cuando llegamos a Medellín las aguas de ese río estaban tan bajas, que hubiese podido pasar el vado a caballo, a causa de que se recogían en un pequeño estrecho, por donde corrían con rapidez y no tenían tres pies de profundidad..."

    "No hay en Medellín nada notable, a no ser un convento donde hay grandes jardines. Salimos nosotros de allí y volvimos a pasar el puente sobre el río Guadiana, que seguimos de noche, para ir con la fresca, que fue motivo de que nos extraviásemos." 

   "Adviértase que en Medellín los bueyes tienen los cuernos excesivamente grandes. Los españoles, cuando quieren decir una gran injuria a alguien, le desean 'un cuerno de Medellín'. En lo cual cuidaros mucho de no imitarles, ni de llamarles gabacho, borracho o cornudos, si no queréis poneros en trance de que os apuñalen."

volver dichos y refranes de Medellín.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MESONERO ROMANOS, Ramón de. (1881)

"Memorias de un Setentón, natural y vecino de Madrid
     escritas por
El Curioso Parlante"  

Nota: 45

Para dar una idea del espíritu que animaba a la juventud en aquellos días, no puedo resistir a la tentación de insertar un trozo de cierta Carta elegíaca que uno de los confinados en los presidios de África (D. Teodoro de la Calle) escribía a una señora muy conocida; cuya ardiente epístola, repetida en multitud de copias, corría de mano en mano y todos aprendíamos de memoria. Yo la he conservado en la mía, hasta hoy, a pesar de sus trescientos y más versos. Mas para dar una idea de su espíritu y de sus condiciones poéticas, bastarame estampar el siguiente trozo:


    «¿Y a tal afrenta, a tal baldón abates
Tu cuello, patria mía? ¿y tus guerreros,
Tus propios hijos, son los que en coyunda
Trasforman tus laureles? ¿Para esto
Del fiero galo la sangrienta espada
Con impávida frente resistiendo,
Viste talar tus fértiles campiñas
Y convertidos tus incautos pueblos,
Desde Pirene hasta la hercúlea fauce,
En sepulcros, escombros, piras, yermos?
   »En vano Mayo su esplendor esmalta
Con nuestra sangre; en vano jactaremos
De Astorga, de Rodrigo las cenizas;
De Bailén los laureles halagüeños;
De Gerona el aliento numantino;
De Zaragoza el trágico denuedo;
De Talavera la dudosa palma;
De Medellín los insepultos huesos...
¡Ay! ¡en vano sus ondas enrojecen
El Tormes, el Guadiana, el Tajo, el Ebro,
Y al regazo de Tetis precipitan
Corazas, cascos, lanzas, esqueletos!
   »¿Qué acerbo fruto coges de tu sangre,
Desventurada España? ¿Qué, tu intento
A mudar de verdugo se limita,
No a ser libre y feliz? Repara el premio
Con que el déspota al fin te galardona:
En cárceles patíbulos, destierros
Paga tu amor, y ceba vengativo
Su cólera en tus hijos predilectos, etc.».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BENITO PÉREZ GALDÓS

"El doctor Centeno" / "Tormento"         

        "EL novelista Pérez Galdós presenta en dos de sus grandes obras [... ] , a un mismo personaje que encarna los antivalores más odiados por el escritor. Se trata de Pedro Polo Cortés, un sacerdote odioso, al que hace natural de Medellín, [ ... ]. Galdós se sirve de este clérigo para criticar el estado de la enseñanza en la España decimonónica, a la vez que lo utiliza para arremeter contra la institución eclesial." (M. Pecellín Lancharro).

         D. Pedro Polo y Cortés era de Medellín; por lo tanto tenía con el conquistador de Méjico la doble conexión del apellido y de la cuna. ¿Había parentesco? Dice Clío que no sabe jota de eso, Doña Claudia, madre de nuestro extremeño, sostiene que sí;" (Doctor Centeno, Pedagogía II)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ANTONIO REYES HUERTAS.

"La Sangre de la Raza"         

        En la obra literaria de Reyes Huertas los temas históricos sobre los conquistadores son tratados en breves y contadas alusiones, con dedicación especial a Francisco Pizarro y Hernán Cortés. No faltan citas sobre las guerras carlistas, pero sí son constantes las referencias a los hechos de la Guerra de la Independencia en Extremadura.

  

    "... y cuando llega aquella convulsión patriótica por la santa y viril independencia, Extremadura se desangraba en Medellín, recobraba su vigor en Talavera, se enardecía en Cantagallos, cantaba triunfal en La Albuera". 

        Reyes Huertas, A. (1919): La sangre de la Raza. 1ª Edición. Madrid.

 

 

 

 

 

 

 

CAROLINA CORONADO.

"Jarilla"      

        Jarilla es una de las  novelas largas más conocida de Carolina Coronado. Se publicó por primera vez en 1850  y a partir de ahí fue reeditada en varias ocasiones. Cuenta la historia de un amor imposible al más puro estilo romántico: el de Román (doncel de don Juan II) y la mora Jarilla.

       Jarilla es, sobre todo, un canto a la naturaleza y a la naturaleza extremeña (el escenario se sitúa en la sierra de Monsalud y los castillos de Nogales, Salvaleón, Salvatierra y Alburquerque) y una manifestación más del tópico clásico del beatus ille (menosprecio de corte y alabanza de aldea).

   ¿Quién no ha visto algún castillo feudal? Y ¿quién al ver uno tan magnífico como aquél de que dio posesión D. Juan II al señor de Villena, no hace en su mente un paralelo entre las torres que habitaban los hidalgos de entonces y los palacios que habitan los grandes de ahora?

    Allá, en una sierra sobre un pueblo donde se fabrican búcaros de rojo barro, se alza todavía el castillo que prestaren los godos a los árabes para hospedaje de siete siglos, y que después volvieron a habitar los mismos godos, sin que una sola piedra hubiese dado indicio de la flaqueza que con el tiempo revela toda fábrica de mortales. Allí Están todavía, negras, severas, terribles, descollando por cima de los pueblos y viendo a las generaciones batallar girando en torno de sus pies, como las nubes en los días de tormenta.  

    Sería por el mes de abril, cuando don Juan II de Castilla pasó desde Córdoba a Extremadura, a combatir al maestre de Santiago y a su hermano el infante don Pedro, que continuaban defendiéndose dentro de los muros de Alburquerque. [...]

 

    Había combatido don Álvaro de Luna con 80.000 hombres. y 10.000 caballos, y seguido de la flor de los caballeros andaluces y de toda la, nobleza castellana. Allí, entre muchos nombres distinguidos, lucieron sus pendones los nobles condes de Haro, de Ledesma, de Castañeda, de Medellín, de Plasencia, de Niebla y de Benavente. Allí, León, Saldaña, Toledo, Stúñiga y Albornoz mostraron su heroico esfuerzo. Pero quien más se habla señalado por su abnegación en el combate, fue un doncel del Rey, llamado Román, que se decía hijo del marqués de Villena, si bien la dureza y el despego con que siempre éste le había tratado no justificasen aquel título de la naturaleza.

 

    Coronado, Carolina (1873): Jarilla. Imprenta y Fundición de M. Tello. Madrid.

 

 

 

POEMA DE CAROLINA CORONADO FECHADO EN MEDELLÍN (1846)

A LA COMISIÓN DE MONUMENTOS HISTÓRICOS Y ARTÍSTICOS DE BADAJOZ

A vosotros que dais a lo pasado
un culto apasionado
arrancando; señores, del olvido
las gloriosas hazañas
del pueblo en sus campañas,
batiendo a los franceses atrevido,

A vosotros que un bello monumento
con generoso intento
alzáis sobre los campos de la Albuera,
para que no olvidada
tan famosa jornada
queda en la edad remota venidera,

A vosotros sus tímidos acentos
hoy por breves momentos
a dirigir se atreve mi poesía;
oídme atentamente,
que en mi entusiasmo ardiente
la disculpa hallaréis de mi osadía.

¡Oh sí! que al pronunciar el alto nombre
del más ilustre hombre
que ha visto el sol, mi corazón se inflama,
y juzgo que abrasado
su pueblo idolatrado
también se siente por la propia llama.

Os hablo de Cortés en alabanza,
aunque el numen no alcanza
al remontarse al cerco de su luna:
pues llena de sonrojos
con el llanto en los ojos
he visto al pueblo donde fue su cuna.

Y ¡oh vergüenza! ¡vergüenza! allí olvidada
y a su primera morada
asilo de las pobres golondrinas,
sin un solo letrero
este otoño primero
va a desplomarse en míseras ruinas,

Y ¿qué nos quedará de tanta gloria
si esa débil memoria
furioso el aquilón nos arrebata?
¿Qué de tantos honores
como nos dio, señores,
en cambio le dará su tierra ingrata?

¿No tendrá entre sus mármoles Castilla
una piedra sencilla
donde su ilustre nombre coloquemos?
Con nuestras propias manos
guerreros y artesanos
y... hasta las damas a grabarlo iremos.

Más trabajo, más pena, más fatiga
en la tierra enemiga
pasó el gran capitán por darle sólo
a su patria grandeza
por hacer que en riqueza
fuera el reino mayor de polo a polo.

Por él fue nuestra patria rica y fuerte
por él con tanta suerte
el soberbio cristal del Océano,
surgieron cien navíos,
transportando carguíos
del inmenso tesoro americano.

Ved hoy esas magníficas ciudades
que fueron soledades
tristes ayer alzarse florecientes,
fundadas por su mano,
llevando el nombre hispano
en su poder, en esplendor crecientes.

Él hizo interminable nuestra tierra
con la perpetua guerra,
asolación del pueblo mejicano,
y por él solamente
flota entre aquella gente
la santa insignia del pendón cristiano.

Y ¿se dirá que ingratos y egoístas
sus valientes conquistas
nosotros españoles desdeñamos?
¿Que un puñado de cobre
por una piedra pobre
con voluntad siquiera no le damos?

En tanto que su nombre no ensalcemos
y en Medellín alcemos
un monumento a los brillantes soles
de su gloriosa guerra,
las gentes de esta tierra
¡¡no somos ni extremeños ni españoles!!

 

Medellín, 1846

 

Carolina Coronado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE LUIS CHAMIZO QUE HACEN REFERENCIA A MEDELLÍN.

    Dos poemas tratan de Medellín en la obra de Chamizo. Ambas están publicadas en su obra "Extremadura":

  1. La Curandera de Medellín.
  2. Carreras de Gallos.

 

 

  La Curandera de Medellín.                         

 

  •     Mira la curandera de reojo
  • pal chinero que guarda sus bártulos,
  • y haciendo caroñas y guiños 
  • se santigua con un garabato.
  •  
  •     Coge luego un tostillo de jierro;
  • da tres golpes, consulta el oráculo,
  • y endispués de lanzar un quejío
  • s'engurruña y entona el ensalmo.
  •     - ¡ Ay del mozo valiente y fornío
  • que al labrar en la siesta su campo
  • cae de bruces al filo del surco
  • por la lumbre del sol chamuscao!
  •  
  •     ¡ Ay de güen mozo,
  • si no tiene agua fresca en el jato!
  • ¡Muera la víbora!
  • ¡Viva el lagarto!
  • ¡Corre y brinca detrás de la Maya,
  • Samparipayo!
  •  
  •     ¿Ay del recio gañán que s'abrasa
  • sin tener más consuelo ni amparo
  • que terrones de tierra encendía
  • y montones de polvo escaldao!
  •     ¡Ay del gañán;
  • qué amargosa es la jiel del trebajo!
  •  
  •     ...   ...   ...   ...
  •  
  •     Zarzamora que curas cuartanas,
  • padrejón, patatús y trancazo,
  • y revuelta con flores de luna,
  • mal de ojo, tiricia y embargo.
  •  
  • ¡Ay, zarzamora:
  • bien podías jacer un milagro!
  •  
  •     ¡Muera la víbora!
  • ...
  •  
  •     Coge el cuenco la vieja; lo moja
  • con el agua bendita del cántaro, 
  • y lo llena después de vinagre, 
  • y consulta de nuevo el oráculo,
  • y lo pone en al frente del mozo
  • a la par que repite el ensalmo:
  •     ¡Muera la víbora!
  •     ¡Viva el lagarto!
  •  
  • ¿Jierve, jierve: la lumbre caldea...!
  • ¡Ya se jizo, por fin el milagro!
  •  
  •     ¡Muera la víbora!
  •     ¡Viva el lagarto!
  •  
  •     Y riyendo con risa de bruja,
  • se santigua con un garabato.

        El poema completo puede encontrarse en: Chamizo, L. 1978: Obras Completas. Diputación Provincial de Badajoz, Badajoz. Páginas 331-334)                

 

 

 

 

 

 

 

                                

          Carreras de Gallos.

 

 

 

 

     Sabemos, además,  que Luis Chamizo recitó un poema inédito en Medellín, en una fiesta, y que le costó dormir en la cárcel esa noche. Intentamos localizarlo para incluirlo en esta página.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL DIOS DE LA LLUVIA LLORA SOBRE MÉJICO.

PASSUTH, László (1965). El dios de la lluvia llora sobre Méjico. [traducción del húngaro de Joaquín Verdaguer, Pilar Goytisolo] Barcelona: Luis de Caralt. 585pp

       Este libro es un relato novelado sobre la conquista del imperio azteca por Hernán Cortés. La fantasía se mezcla hábilmente con el rigor histórico, constituyendo el esfuerzo novelístico más notable que un autor extranjero haya intentado jamás sobre la conquista de Méjico. Rehuyendo los peligros de un relato atestado de episodios más o menos veraces, Passuth ha escrito un libro tremendamente realista, en el que los protagonistas, españoles e indios, se nos presentan, quizá por vez primera, no como mitos, sino como seres humanos que llevaron a cabo una de las empresas más geniales y atrevidas de la Historia de la Humanidad.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Castillo - Cementerio de MEDELLÍN

  • ¡ Castillo de Medellín,

  • allá, entre el cielo y la tierra!

  • ¿Qué tormenta te dejó,

  • viejo navío de piedra,

  • náufrago en el alto cerro,

  • encallado entre las peñas?

  • Y qué noche partirás

  • sobre oleadas de nieblas

  • a un puerto de otro mundo

  • guiándote ¿por qué estrella?

  •  

  • Tu vieja carga de muertos

  • se asomará a las almenas

  • y habrá adioses desgarrados

  • a los que están en la tierra.

  •  

  • ¡ Castillo de Medellín

  • que destacas tu silueta

  • sobre los gules heráldicos

  • del ocaso! Fue un poeta

  • quien buscó para su cuerpo

  • el descanso entre tus piedras.

  •  

  • ¡ En las noches azuladas

  • bajan a ti las estrellas!

 

Del Libro VEGA, C. (1970): "El juguete caído". Editorial Sánchez Rodrigo, S.A. Plasencia. 

El poema está recogido, además, en GARCÍA SÁNCHEZ, F. (1995) "El Castillo de Medellín", impreso por Gráficas Sánchez Trejo, S.L., Don Benito, ISBN 84-922622-1-4, pág. 107..

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GRANDES, Almudena. Las Edades de Lulú (1989)
      Con apenas quince años, Lulú descubre el sexo de la mano de Pablo, un joven por el que siempre se ha sentido atraída. Junto a él se formará un universo particular, cerrado a los demás y al tiempo, y para él será una eterna niña en una peculiar relación sexual. Hasta que, ya con treinta años, Lulú se precipitará, de forma brutal y apasionada, en el mundo de los deseos prohibidos, de las relaciones peligrosas.  Lulú se siente segura con su marido, él la lleva hasta el límite pero siempre está allí para rescatarla, conocen así a Ely, un travesti de Extremadura que compartirá con ellos muchas veladas y sobre todo una amistad sincera. Hasta que un día Pablo comete el error de hacer realidad una de sus fantasías, ...

   "Ely empezó a contarnos su vida, aunque no quiso desvelarnos su edad, ni su nombre de pila. Hubiera preferido llamarse Vanessa, o algo así, pero estaba ya muy visto y había optado por un diminutivo, que' quedaba fino. Parecía andaluz, pero era de un pueblo de Badajoz, cerca de Medellín. Tierra de conquistadores, dijo, guiñándome un ojo.

Cuando tuvo la carta en la mano, dejó de hablar y la estudió detenidamente. Luego, con una voz especial, melosa y dulce, tremendamente femenina, miró a Pablo y preguntó". (pág. 45)

  
http://www.agapea.com/Las-edades-de-Lulu-Fabula--n105154i.htm • sábado, 20 agosto 2006, 20:00pm GMT • 

http://www.dooyoo.es/archivos-cultura-y-libros/las-edades-de-lulu-almudena-grandes/383823/
• sábado, 20 agosto 2006, 20:00pm GMT • 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LILLO REDONET, Fernado (1994). "Un salmantino en Mérida. (Cartas desde Emerita)."

 

EN METELLINUM

Carta quinta

Marcus Fabius Salmanticensis Caio Iulio Narciso salutem pluriman

 

     Como te prometía en mi carta anterior te escribo sobre los maravillosos acontecimientos que he vivido en Metellinum. Para introducirte en el ambiente te contaré algunos datos referentes a esta importante colonia a la que la cercanía de Emerita ha perjudicado sensiblemente. La fundación fue anterior a la de Emerita y corrió a cargo de Quinto Cecilio Metelo, el general romano antagonista de Sertorio.

    Metellinum es un importante nudo de comunicaciones...

Lillo Redonet, F. (1994). Un salmantino en Mérida (Cartas desde Emerita). Madrid: Ediciones clásicas, pp. 33 y ss.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GÓMEZ-LUCENA, Eloísa. (2004) Expedición al paraíso. 

         La novela es una "crónica del viaje de un grupo de mujeres comandado por doña Mencía Calderón [nacida en Medellín ], viuda del adelantado Juan de Sanabria, a Asunción del Paraguay: ciudad de esperanzas y quimeras llamada El Paraíso de Mahoma>> porque, según un jesuita de la época, 'para un hombre hay diez mujeres'.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SÁNCHEZ ADALID, Jesús (2007). La luz de oriente.

  

           Félix, un joven hijo y nieto de oficiales romanos, nace y vive su infancia y adolescencia en Metellinum y en Emérita. En ellas, se forma iniciando el estudio de las leyes, aunque el divorcio de su padre hace que éste deposite muchas esperanzas en él al separarse de sus otros hijos e hijas. Por ello lo traslada a Emérita, donde es instruido...

     [...] la descripción de Gades (Cádiz), Terraco (Tarragona), Metellinum... es fantástica, y nos zambulle en los ambientes de la época de una manera natural, sin abundar en interminables descripciones como hacen otros escritores. Es un libro magnífico.

 Miguel Ángel M.T.

 

 

 

 

SÁNCHEZ ADALID, Jesús (2002). Félix de Lusitania.

LIBROS - FELIX DE LUSITANIAEn Félix de Lusitania, retoma al protagonista de La luz de Oriente... 

En el año 248, Roma se prepara para celebrar en gran esplendor milenario de su fundación, tras haber conseguido establecer la paz con los persas de Oriente merced a la hábil gestión de los embajadores imperiales. Uno de estos emisarios es Félix de Lusitania, que regresa de su misión en Tesifonte después de haber arrostrado todo tipo de peligros. La inquietud vital de Féliz le lleva a ser protagonista en un momento crucial de la historia: el declive del Imperio Romano.

 

 

 

 

SÁNCHEZ ADALID, Jesús (2007). El alma de la ciudad.

 

            Tomó el rey Alfonso VIII posesión en nombre de la cristiandad de las fortalezas de Medellín, Magacela y Hornachos, sin encontrar resistencia. Pero, más al sur, los observadores enviados por delante para averiguar las intenciones de los sarracenos advirtieron la presencia de un gran ejército en la poderosa fortaleza de Reina, que se alzaba en lo alto de una loma, como vigía del paso por los puertos de sierra Morena. 

(Libro III -La Guerra-. XVII. pp. 128-129)

 

 Entrevista a Sánchez Adalid, a propósito de la localización en Medellín de Félix de Lusitania.

Entrevista en el Diario Hoy del 13.01.08 -

       A todos nos gustan las coincidencias. Nos atraen su simetría y orden secuencial. Cuanto más inconcebibles, eminentes y asombrosas sean, más disfrutamos con ellas. Sobre todo, porque sugieren una forma de control, una suerte de mano misteriosa y trascendente que interviene para dar sentido al caos que reina a veces en nuestras complicadas vidas. En el artículo de este domingo de primeros de año me gustaría compartir con ustedes una coincidencia muy particular que tiene que ver con mi obra y con el pasado muy lejano que trato de recrear en ella.

       Hace más de diez años, concluí la escritura de mi novela La luz del Oriente, que fue la primera que me publicaron y a la que, por tanto, le debo en gran parte el resto de mi carrera literaria. No les aburriré contándoles lo que sucede en dicho relato. Baste decir que trata de la peripecia de un joven lusitano cuya vida se desenvuelve en el siglo III de nuestra era. Empieza con su nacimiento, infancia y adolescencia en una propiedad romana, Villa Camenas, situada en la orilla del Guadiana. Esta fue una elección caprichosa por mi parte. Me inventé el lugar, próximo a Medellín y dependiente de Emérita, tal vez influido por mi propia circunstancia y por la existencia de una finca de viñedos de mi familia, cerca de allí, en el término de Don Benito. Poco después de la publicación de la novela, tuve conocimiento de que en aquel sitio, precisamente, habían aparecido las ruinas de una sorprendente villa romana del siglo III. Pero la cosa no quedó ahí. La coincidencia resultó aún más espectacular cuando, tras escribir mi novela Félix de Lusitania, que tenía el mismo protagonista que la anterior, en las excavaciones apareció un busto que los arqueólogos dataron en el siglo III d.C. y que representaba el retrato de gran realismo, a tamaño natural, de un joven varón con aire melancólico en la expresión. La figura se encontró en el interior del estanque situado en el atrio, espacio en el que los romanos solían recibir a los visitantes y donde se exhibían retratos familiares. Las interpretaciones que hicieron al respecto los expertos resultan cuanto menos sorprendentes, por referirse en ellas las posibles características propias del personaje retratado, que en todo pueden servir para mi Félix de Lusitania: «A través de la indumentaria y el peinado retratados contribuyen a reflejar la sociedad de su tiempo. Este personaje llevaba barba, que se pone de moda en los retratos tardíos de emperadores y personajes privados, y aparece vestido con la 'toga contabulata', indumentaria propia del alto status social del señor de la villa, que hace su aparición a mediados del siglo III d.C.»

         Les cuento esto hoy, porque ayer, sábado 12 de enero, me correspondió impartir una conferencia dentro del ciclo que anualmente se desenvuelve en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, tras la cual se presentó como «pieza del mes» el busto romano de La Majona. Si pueden, vayan a verlo. Es impresionante.

       Es sólo una de la infinidad de coincidencias documentadas que sirven para ilustrar lo pequeña que puede ser nuestra realidad: «un pañuelo» como dicen, pero un pañuelo donde alguien o algo parece conectarse en ocasiones con varios universos paralelos, cuyo entramado y mecanismo ignoramos, de modo que sucedan las cosas más extrañas.

 [...]

      No se asusten. No quiero expresar nada raro, ningún pensamiento exotérico. Pues estoy convencido que nuestra sensación de «coincidencia» es un juicio, una interpretación que entrega sentido a dos o más eventos vividos como pertenecientes a la misma formulación y que nos hacen exclamar: ¿Oh casualidad! Pero que sólo cobran sentido en quién los interpreta, y por lo tanto no existen como objetos independientes del observador que los vivencia. Pero les dejo con la tarea de discernir si estas casualidades son, en efecto, proyecciones de nuestra mente, o la manifestación de un principio invisible que rige nuestro destino y el de todos los seres, con el fin de poner orden en el aparente caos de nuestra existencia y nuestro mundo.

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BRACCO, Diego (2007). María de Sanabria.

La novela utiliza el mismo fondo histórico que Expedición al Paraíso.

      <<La novela es una "crónica del viaje de un grupo de mujeres comandado por doña Mencía Calderón [nacida en Medellín ], viuda del adelantado Juan de Sanabria, a Asunción del Paraguay: ciudad de esperanzas y quimeras llamada El Paraíso de Mahoma>> porque, según un jesuita de la época, 'para un hombre hay diez mujeres'.>>

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HERRERO, Joan J. (2009). Talavera 1809.

Madrid: Planeta (novela histórica). 


      España está en llamas. Tras derrotar a los ejércitos de las naciones más poderosas del continente europeo, las tropas de Napoleón han irrumpido en la península Ibérica. Si bien una minoría ilustrada aplaude la invasión y ve en ella la  esperanza de modernizar el país, la mayoría de los españoles se unen con la férrea voluntad de rechazarla. En medio de este convulso escenario, los Peris, repudiados en su pueblo natal, se refugian en la Venta del Tuerto, desde donde Paquita, la benjamina, una pelirroja de armas tomar, empezará una aventura que la llevará a luchar contra los franceses en todos los frentes imaginables, desde los frondosos bosques que domina la guerrilla, hasta los campos de batalla en los que se batirá el ejército del general Cuesta. Frente a ella, Gerard Girot, un joven y arrojado dragón, que tratará de vencer sus temores y convertirse en el héroe que siempre ha soñado. Finalmente, los dos ejércitos se encontrarán en las inmediaciones de Talavera de la Reina. La batalla que se fragua decidirá el futuro de los ingleses en la Península y, con ello, el desarrollo de la guerra en el continente. Para Wellesley y para José Bonaparte, para el general Cuesta y el mariscal Victor, para Paquita Peris y Gerard Girot, la suerte está echada.

    Esta novela dedica varias páginas a la batalla de Medellín, concretamente de la 201 a la 208 con la muerte de uno de los personajes, Álvaro Vicuña capitán del Regimiento de Dragones de Almansa,  como consecuencia  de  la carga francesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 MASIÁ VERICAT, Concepción (2007). "El novio de la muerte", en Mitos y Leyendas Universales. Madrid: Alba Libros. Págs. 207-212.

 

El novio de la muerte

    Hubo un tiempo, entre los siglos XVI y XVII, en el que los regimientos de infantería españoles eran imbatibles. Se les conocía como los Tercios de España y sus actuaciones en Italia y Flandes les hicieron famosos en toda Europa.

    Los Tercios estaban formados por gentes de muy diversa procedencia, entre las que no faltaban aventureros y soldados de fortuna e incluso algunos que huían de la justicia, lo que hacía que fuesen tropas que no conocían el miedo, capaces de las gestas bélicas más temerarias cuando, tras de ellas, se presumía un buen botín. Tenían, también, mucho éxito con las damas, que se perdían por los requiebros y las dádivas de estos valientes que no retrocedían ante los lances de la guerra ni ante los lances de amor.

Y de un capitán de estos Tercios, y de sus amores, trata esta leyenda:
    Se llamaba el mozo don César Dávila y Cortés. Era extremeño, nacido en Medellín y su familia era de noble y limpio linaje. Su madre murió al nacer él, y su padre le crió entre mimos y halagos, tal vez intentando suplir la falta del cariño maternal.

    Con el tiempo aquel niño se hizo un hombre de rostro agraciado, apuesto y gentil, al que le gustaba vestir de forma elegante y atildada y cuyo carácter era osado, un tanto pícaro y con una atracción irresistible hacia el peligro. Su arrogancia y su temeridad no tenían límites y, por menos de nada, sacaba la espada para retar a cualquiera que considerase que le había mirado con insolencia, o que hubiese osado mirar a una dama que él pretendía.

    Algo tenía de poeta, además de ser un espadachín formidable, por lo que no eran pocas las damas que se deshacían en suspiros cuando le veían pasar o rondar su calle, envuelto en una capa grana, mientras en su sombrero lucía una pluma airosa, roja, también.

    Las hazañas que se contaban de los Tercios despertaron el deseo de aventura de César, que sin pensárselo demasiado, una noche abandonó el solar de su casa y marchó a conocer mundo, nuevas gentes y gustar el sabor del riesgo y de la guerra.

    Estaban los Tercios en Italia, y uno de los más destacados por sus éxitos era el Tercio al mando de don Lorenzo de Cañada. Con arrojo temerario forzaron la entrada en Módena, máxime cuando sus jefes habían caído en la batalla y los infantes avanzaron siguiendo las órdenes de un joven que hacía poco tiempo que formaba parte del Tercio de Cañada. Su maestría en el uso del acero, su rápida visión de la situación militar y del terreno a batir, parecía más propia de un capitán experimentado que de un soldado raso. No sabían mucho de él, pero por las trazas de su indumentaria se veía que se trataba de algún caballero principal.
    Cañada, conocedor de la gesta del desconocido, le mandó llamar para conocerle y felicitarle. Después de las presentaciones, le ofreció la posibilidad de convertirse en capitán de los Tercios de España, y el complacido César preguntó que cómo podía conseguirlo. Al día siguiente, había que conquistar el último bastión que quedaba al enemigo, y el bizarro César se ofreció a hacerlo, con los hombres que le acompañaron en la gesta anterior.

    Tomándole del brazo, Cañada lo presentó al resto de los oficiales que descansaban en el campamento, y todos le recibieron entre sonrisas, admirando su temeridad. Sólo a un alférez, Felipe de Cáceres, disgustó la postura envalentonada del bisoño César y entre ambos se estableció, desde el primer momento, una rivalidad, que a punto estuvo de llegar a la punta de sus respectivas espadas de no haber mediado el sentido común y apaciguador del resto de los oficiales.

    Cayó el bastión, y en la entrada triunfal de las tropas españolas, capitaneadas por don César, éste vio a una dama, hermosa como pocas, que saludaba su paso agitando un pañuelo negro de seda, desde una reja cuajada de flores.

    Desde aquel momento, César no pensó más que en volver a ver a esta mujer misteriosa. Se puso a dar vueltas por la ciudad, intentando encontrar la reja que, fugazmente, viera durante el desfile. Su sorpresa fue grande cuando, al doblar una esquina, le salió una mujer enlutada, de porte gentil y encantador, que cubría su rostro con un antifaz amarillo. Cortés, como siempre, se apresuró a recoger el pañuelo negro que la dama había dejado caer y se le ofreció, galante, para lo que ella precisase.

    La dama le dijo que iba huyendo de unos truhanes, y él, arrogante, se ofreció a defenderla y acompañarla, si así se lo permitía. Era un soldado de España, rendido admirador de la belleza y siempre dispuesto a proteger a cualquier mujer que lo necesitase. Agradeció la dama la buena disposición del militar, mientras se oían unos pasos que se acercaban a toda prisa.

    Tres hombres embozados aparecieron, y no hizo falta que se pronunciase palabra alguna. Hablaron las espadas, desenvainadas en un santiamén. César se despojó de la capa y, con movimientos ágiles, mantuvo a raya a los agresores, atravesando el pecho del que tenía más cercano, lo que provocó la huida de los otros dos.

La dama, por la que César se batía, desapareció con presteza de la escena. A lo lejos se escuchaba una risa argentina y una voz femenina que decía: ' Señor caballero de España: yo los favores los pago con un beso. Volveremos a vernos si sois valiente '.

    Sin envainar la espada, César intentó seguir el eco de aquella risa para reclamar su premio, pero se perdió por un entramado de plazuelas y calles en una ciudad que no conocía. Lo mejor sería volver al campamento para preparar las acciones del día siguiente. Había establecido con Felipe de Cáceres un compromiso de honor sobre cuál sería el más valiente y esforzado en la lucha y no era cuestión de dejarse vencer.

    Guardó la espada, se embozó la capa y se cubrió la cabeza con su chambergo de pluma roja. Pero, de pronto, se abrió el balcón de un viejo palacio, dejando ver un salón bien iluminado y a una dama que pedía ayuda, tratando de zafarse de un hombre que la acosaba. Levantó los ojos César, mientras a sus pies caía una llave que recogió con presteza y, a todo correr, entró en el palacio subiendo por una escalera. Se abrieron las puertas de un salón y apareció un joven gallardo, con la espada desnuda en su diestra. Se entabló la lucha en el rellano de la escalera, entrechocaban los aceros, y los ánimos de los contendientes estaban, cada vez, más excitados. La risa de la mujer se dejaba oír mientras repetía que los favores los pagaba ella con un beso. César enloqueció de deseo y en un giro audaz y decidido, atravesó la garganta de su rival, que cayó, bañado en sangre, susurrando: 'Cuidado... la muerte...

    Entró César en la estancia, y la misteriosa dama le agradeció el favor con voz melosa e insinuante. El hidalgo extremeño le suplicó que cumpliese su palabra, venía a por el beso prometido. Coqueta, le dijo la mujer que tal vez se negara a ello, ante lo que él replicó que era una crueldad que actuara así. 

    La enlutada le miró a los ojos y César tuvo que apartar los suyos de los de su dama, penetrantes, profundos, extraños... y, no obstante, conocidos, familiares... sin saber a ciencia cierta dónde, cuándo o a quién podían pertenecer. Una sensación inexplicable se apoderó del cuerpo y del alma del caballero. La dama siguió dando largas a la entrega del beso, pero ante las exigencias de César le dio la llave de su casa diciéndole que le esperaba al día siguiente, por la noche, para que ambos se viesen compensados. El orgullo del hidalgo se sintió ofendido, y le replicó que ninguna mujer había conseguido retenerlo dos noches seguidas. De nuevo la risa de la mujer sonó como un desafío. Ella sí lo lograría... dos noches y cuantas quisiera. César se cubrió y se dispuso a marcharse, la aventura no había tenido el fin que deseaba, pero, a veces se gana y a veces se pierde. La dama le alargó la mano, una mano de una blancura marmórea, fina como la seda y yerta como si la sangre no corriera por las venas de aquella extremidad. Al besarla, un escalofrío recorrió el cuerpo de César.

    - Mañana vendréis, caballero español. Recoged la llave y tened por cierto que siempre, siempre, cumplo mi palabra.

    Esa fue la despedida y, envuelto en su capa regresó César al campamento, pensando que, al día siguiente, podía conseguir la banda roja de capitán ganando honra, gloria y la apuesta que había hecho con Felipe de Cáceres sobre cuál de los dos sería el más esforzado y valiente.

    Al amanecer ya estaba listo César, con los suyos, para atacar y conquistar la torre del Este de la ciudad, único punto de resistencia de los enemigos. La actuación fue tan rápida y contundente, que sin dar tiempo a que los asediados se aprestasen a la defensa, la bandera española ondeaba ya en lo alto del torreón, al tiempo que el nuevo capitán mantenía en sus manos la enseña enemiga. Pero, al mismo pie de la fortaleza, un encuentro desafortunado con don Felipe de Cáceres, que osó retarle, acabó con la muerte de éste. Como en tantos otros lances, la espada certera del extremeño, pasó el cuerpo del rival de parte a parte.

    Don Lorenzo de Cañada, le impuso la banda roja, no sin una sombra de disgusto en su rostro, pues si bien ganaba un capitán bravo y esforzado, había perdido a otro no menos destacado. Sabía que la afrenta partió de Felipe y no podía reprocharle nada indigno a César, pero la muerte de uno de los suyos a manos de otro compatriota, no le agradó en absoluto.

    Feliz se sentía don César Dávila y Cortés, ahora capitán de los Cañada murió de unas fiebres malignas ante las puertas de Florencia y el mando fue asumido por César. Su Tercio pasó a llamarse 'de la Muerte', y era el único que se atrevía con las empresas bélicas que se consideraban imposibles. Pero el espíritu de aquel hombre continuaba atormentado, nada parecía proporcionarle reposo ni tranquilidad. Buscaba algo, anhelaba un encuentro que no se producía con aquella dama pálida que le besó una noche, ya lejana, en Módena.

    Pasaron los años, no conoció la derrota y, cosido a cicatrices, conservó la vida, una vida que le resultaba ingrata. Pensó en retirarse al solar de sus mayores, pensando que allí encontraría la paz que la guerra y la lucha le habían negado durante tantos años. Pero todo fue en vano.

    A una de las puertas del Monasterio de Guadalupe llegó, cierto día, un capitán de los Tercios ya entrado en años. El padre guardián le abrió y le trató con cariño, haciéndole entrar. Durante horas, don César Dávila y Cortés, estuvo en confesión. Atrás quedó el capitán glorioso, el espadachín audaz, el aventurero y poeta, aquel que cebara a la muerte proporcionándole tantas presas. Ahora, arrepentido y penitente, viste el hábito del pobrecito de Asís.

    Y a César, como a todos, le llegó el momento supremo. En su camastro de la austera celda en la que ha vivido en sus últimos años, agoniza el antiguo capitán. Y allí le confiesa al padre guardián, que la dama del antifaz que le besó en Módena, está ahora a su lado. La ve, con sus cuencas vacías, con la calavera esbozando una sonrisa: la Muerte, largo tiempo buscada, viene a por él. A ella se entrega, pues le protege la bondad de Dios. Pide, como última gracia, que sobre su frente se trace la señal de la cruz... la constante compañera de su vida, su enamorada, le llama. E inclinando la cabeza, se durmió en la paz del Señor. "

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 MENÉNDEZ, Elvira (2010).  El corazón del océano. Madrid: Temas de Hoy, 606 págs..

     La autora recrea la peripecia de Mencía de Calderón y Sanabria, una extremeña de Medellín que comandó aquella expedición que salió del puerto de Sevilla con dirección al río de la Plata donde llegó seis años después  tras sufrir múltiples penalidades.  

Para saber más...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALVAR EZQUERRA, Jaime  (2010).  Tartesos un reino soñado. Madrid: Esfera de los libros, 376 págs.

    Jaime Alvar, catedrático de Hª Antigua en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), crea una novela histórica donde nos "nos cuenta la vida de Argantonio, el último rey de Tartesos, llamado a gobernar un pueblo que agoniza en medio de pasiones, conspiraciones y luchas fraticidas por hacerse con el poder en el reino de la plata. Él quiere grande ese reino, pero a duras penas puede mantener la paz"

    El autor, "... además de situarnos en aquella época, describe con todo lujo de detalles los escenarios donde se desarrollan los acontecimientos . Uno de estos escenarios es, precisamente Connisturgis (actual Medellín), una de las principales ciudades de la civilización tartésica.

   Para algunos críticos, el autor, a la vez que profundiza en la investigación histórica, cuida su trabajo narrativo de forma que  la calidad literaria de su novela se mantiene en un nivel muy alto desde el inicio hasta el final de la narración.  

  
     "Tartesos un reino soñado no solo es una buena opción para ampliar nuestra documentación sobre este pueblo ibérico, sino una de las mejores novelas que se han escrito sobre él, dado el conocimiento sobre la época de Jaime Alvar".  Consigue, de esta manera, ofrecer una novela que da una versión  creíble de la Tarteside. (Digital_3, Octubre, 2010, Revista digital de la UC3M)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OTROS AUTORES QUE CITAN A MEDELLÍN EN SUS TEXTOS.

  1. MARÍA DE ZAYAS. La traición en la amistad, 3b
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  2. MIRA DE AMESCUA, Antonio. EL CABALLERO SIN NOMBRE, Jornada III
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